Bodega de la Ardosa. Calle de Santa Engracia, 70. Barrio de Almagro

En la web de presentación de la Bodegas de la Ardosa de la Calle Colón, incluye la única referencia de Rafael Fernández Bagena, propietario de La Ardosa. Este topónimo se localiza en la población toledana de Consuegra, una zona esteparia de flora estacional, donde predomina el cultivo de la vid y el cereal. Precisamente, para dar salida comercial a la producción vino, a partir de 1892, Rafael impulsaría la apertura de varias bodegas. Supuestamente, se crearían más una treintena de locales, constituyéndose una cadena de distribución, bajo la misma denominación: Bodegas de la Ardosa. Hoy en día, de la treintena, solo han sobrevivido las situadas en la calles Colón y Santa Engracia.IMG_9839

En el distrito de Chamberí llegarían a localizarse cerca de media docena, entre los lugares elegidos habrían estado la plaza de Chamberí o las calles Feijoo y Ponzano. Otros barrios elegidos habrían sido La Elipa, El Viso –López de Hoyos, 113-, Carabanchel, Tetuán –calle Torrijos, 11-, etc. Al parecer, en Carabanchel habría estado la bodega directamente gestionada por el propio Rafael y su descendencia, hasta tres generaciones.

Ardosa_Publi-ABCEs muy probable, que todas estas bodegas funcionaran como franquicias, gobernándose cada una de ellas con cierta autonomía, al menos durante la Guerra Civil. Por ejemplo, la situada en la calle Torrijos, 11, en Tetuán, llegó a incluir varios insertos, en el diario La Libertad, durante primavera de 1938.

La taberna de Santa Engracia, desde 1977, es propiedad de José Martínez Cuadrado, un madrileño nacido en la cercana calle de Viriato, un hombre fortachón que entró a trabajar en la bodega con 13 años.

La Bodega de la Ardosa, al margen de las cualidades culinarias, principalmente por los aperitivos, especialmente las patatas bravas, y por los vinos, destaca por el ambiente a tasca de toda la vida y por la bodega en si misma. El establecimiento, arquitectónicamente hablando, al margen del interior sobresale por la magnifica fachada de paneles de azulejería.

En el interior, los espacios se dividían entre, la taberna, la trastienda para las tinajas, la vivienda y la cueva, también, con tinajas. Sin embargo, la estructura actual es el resultado de una profunda reforma de principios de los sesenta, transformación que supondría la sustitución de la antigua barra de zinc –que implicaba un sobre esfuerzo para mantenerla limpia, pues debía emplearse amoniaco- por la actual, y la supresión de buena parte de las tinajas para dar paso a la cocina. Por otro lado, la vivienda, a la que se podía acceder desde la taberna por un largo pasillo, también disponía de la típica cocina de carbón.IMG_2751

Volviendo a la trastienda, sorprende ver, aunque con otra utilidad, que aún se conserva una gran fresquera para hostelería –refrigerada con barras de hielo- y varios toneles medianos para vino pintados de rojo.IMG_2798 IMG_2794 IMG_2793 IMG_2760

No obstante, el detalle principal, que le otorga carácter y distinción, debemos buscarlo en la fachada, simétrica, con los frisos de azulejería firmado por Alfonso Romero, de la casa situada en la calle del Rollo, 9, de Madrid, cuya factura debería fecharse en la década de los años 20. Como hemos indicado, tenemos una distribución simétrica, con puertas laterales –metálicas desde los sesenta, antes de madera-. El zócalo, sin superar el medio metro, es de granito. A partir de aquí, el resto de la fachada pertenece a la azulejería, incluido el rótulo. Sobre fondo azul, a la izquierda, entre adornos vegetales, con letras góticas en mayúsculas y escrito en diagonal, aparece el termino VINO; a la derecha, siguiendo el mismo esquema, se cita otro de los productos estrella, LICORES. En el centro, utilizando una estética similar a la heráldica, tendríamos un espejo –quizá una ventana en el tiempo- con marco dorado, en cuyo interior se desarrolla una escena de vendimia. Sobre el marco, escrito sobre un largo y enrollado pergamino, la referencia al origen de los caldos, añadiendo el concepto VIÑEDOS PROPIOS. Este “escudo-espejo-ventana”, se completa con adornos vegetales. Y, finalmente, en la parte superior, desarrollándose a lo largo de toda la fachada, la franja destinada al rótulo, que incluye en los extremos el primitivo número del inmueble (58) –cuyos marcos son pequeñas ventanas hacia los viñedos, y la denominación del establecimiento, presentado con letras blancas, mayúsculas y de tipo estándar.

En definitiva, tenemos ante nuestros ojos cuatro frisos independientes enmarcados con estrecha franja formada por azulejos blancos, aunque todos relacionados con el comercio del vino y de los licores.

Comes Fayos, María (2013): “Los lugares de Josema Yuste. De vuelta a Chamberí”. Elpais.com, [en línea] 6 de septiembre. Disponible en: http://ccaa.elpais.com/ccaa/2013/09/05/madrid/1378406537_370284.html

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