Frisa encuadernación. Calle de la Madera, 31. Barrio de Universidad

Si en el número 51 de la misma calle cuatro generaciones de José María Navarro han pasado por el taller broncista niquelador, por el taller de encuadernación del 31 lo han hecho cuatro generaciones de Antonio Frisa. Y como dice, Antonio, el de la tercera, de esta manera no es necesario cambiar el letrero de la fachada.IMG_2121

Antonio Frisa Carbonell, madrileño, como oficial encuadernador no conseguía que le pagaran el duro diario. Ante la falta de respuesta, decide independizarse y establecerse por su cuenta. Con una inversión inicial de 1.000 pesetas, en 1917, se establece en el número 33 -31 actual- de la calle de la Madera (Alta), aunque la licencia de apertura municipal no llegaría hasta 1918.

Los primeros momentos fueron duros. A principios de los años 20 vendría una formidable inversión con la compra de modernas maquinas. Una de esas máquinas es una compacta guillotina, marca Chn Mansfeld, fabricada en la ciudad almena de Leipzig. En principio, fue adquirida por la Fundición Tipográfica Lencina (calle de San Bernardo, 116) para los jesuitas de Areneros y finalmente rechazada por su precio “excesivo”, casi las 5.000 pesetas. Frisa, vio la oportunidad y decidiría quedársela.IMG_2127

El 18 de julio de 1936, la familia estaba pasando la jornada en El Espinar. Durante toda la Guerra Civil no pudieron volver a Madrid, instalándose durante toda la contienda en Segovia. Allí, consiguieron poner en marcha otra negocio de encuadernación. Mientras tanto, sus vecinos de la calle Madera seguirían pagando la contribución lo que impidió su incautación. Tras finalizar la guerra, comprobarían que todo estaba en su sitio. Sin embargo, durante la postguerra, el oficio, como otros tantos, ante la falta de materias primas, funcionaron de manera irregular. Frisa, agudizando el ingenio, tendría que utilizar el ingenio para seguir en el negocio. Para las guardas de los libros se emplearon papeles pintados de un establecimiento próximo o cajas de cartón recogidas en los comercios para las tapas duras.

IMG_2142IMG_2138El recinto, estrecho pero profundo, compartimentado en diferentes estancias. A principios de siglo, cuando Prisa Carbonell adquiría el local, éste contaba con una vivienda en la parte posterior, sin embargo, ésta nunca sería ocupada. Por ejemplo, al guillotina Mansfeld, por su volumen, está situada en la entrada tras el mostrador. Esta y el resto de la máquinas siguen funcionando a pleno rendimiento sin ningún problema, cualidad que hoy en día les permite ser una empresa familiar de encuadernación artesanal en la que trabajan todos sus miembros.

Al margen del trabajo artesanal, la visita a la encuadernadora, además de conocer a una familia cordial, implicada y enamorada de su trabajo, supone un paseo por el tiempo, por un museo vivo. Quizás, lo que más me ha dejado impresionado es un armario fabricado a medida, por un amigo ebanista, para guardar y ordenar todas la herramientas del encuadernador: baldas y cajones de distintos tamaños y formas.

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Sitio web: http://encuadernacionfrisa.es

Perfil en Facebook

 

López, Rosa (1996): “Artesanos del siglo pasado”. El País, [en línea] 13 de octubre. Disponible en: http://elpais.com/diario/1996/10/13/madrid/845205872_850215.html

Sánchez Lambilla, M. (1998): “Arte por dentro, arte por fuera”. Diario 16, 13 de septiembre.

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