Cuando se cierra una vieja tienda -de ultramarinos- desaparece un escenario

Cuando se cierra un negocio tradicional, no solo se pierde parte del tejido comercial construido durante decenios, también suprimimos una pequeña parte de nuestra cultura sensorial; en donde se mezclaban evocaciones visuales, olfativos y sonoros, recuerdos ligados a la infancia y a la juventud. La memoria personal y colectiva construye entornos físicos como referencia, espacios que siempre habrían permanecido inalterables. Cuando estos cambian levemente, la ida del paso de tiempo es aceptaba como algo normal; sin embargo, cuando dichos espacios desaparecen casi al completo, se produce una fractura el yo espiritual y el entorno de referencia, generando un efecto de expulsión emotiva de aquellos lugares que fueron nuestros barrios o el centro histórico de la ciudad.

Además, la desaparición no tanto de las actividades comerciales, sino del continente, la tienda con su arquitectura primitiva, esta hurtándose al ciudadano de un patrimonio cultural, material e inmaterial, único. En este sentido, cuando hoy en día están tan en boga la producción de películas o series de ambientación histórica o ficción histórica, la existencia de escenarios reales ofrecen magníficas alternativas a los directores de arte y a los productores.

En septiembre de 2000 se emitiría un spot de la empresa de alimentación Cuétara para recuperar la marca de galletas Napolitanas. La historia narrada es este anuncio se centraba en un hombre quién al salir de un supermercado y morder una de esta galletas le provocaba la recuperación de algunos recuerdos de su infancia, cuyo escenario se transformaba en la puerta de una vieja tienda de ultramarinos. Pues bien, dicho establecimiento era la tienda situada en la calle Embajadores, 22, esquina a calle San Cayetano, hoy reconvertida en otro tipo de negocio.

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La tienda de ultramarinos fue fundada en 1888. A partir de 1922, pasaría a la familia García. Y como ocurre en tantas veces, la tradición familiar se rompe, y cuando llega la jubilación de quién atiende el negocio, este se cierra y es traspasado.

El País (2006): “‘Esta vida es demasiado esclava para los jóvenes’. José García y Matilde Gimena regentan una tienda de ultramarinos en el Rastro que abrió sus puertas en 1888”. El País, 29 de enero. Disponible en: http://elpais.com/diario/2006/01/29/madrid/1138537467_850215.html

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